31 may 2009

Amor Guerrero - Prólogo



PRÓLOGO

Castillo de MacKay, Norte de Escocia, 1182

Para Alec fue el día más triste de su vida. Estaba desolado por todo lo que había ocurrido. Nunca creyó que eso le pudiese pasar a él, no podía aceptar la idea de que jamás volvería a ver con vida a su querida madre. Sólo tenía trece años. Sabía que desde ese momento tendría que cuidar de Keith, su hermano menor. No podía permitir que su padre le hiciera lo mismo que le hizo a él.
Ahora estaba solo, su ángel se había ido. Sarah siempre lo había cuidado con mucho cariño y con mucho amor a él y a su hermano. Era un amor más grande que ella misma. Su madre era más bien menuda, de cabellos dorados y con unos ojos más azules que el cielo en un día de verano en las tierras altas. Se caracterizaba por su enorme corazón y por sus refinados modales propios de las damas de Inglaterra, ya que Sarah era todo lo inglesa que podía ser. Alec tenía muy buenos recuerdos de ella porque siempre había estado ahí para cuando la necesitaba. Siempre los había protegido a él y a Keith de la ira de su padre. Robert MacKay era temido en toda su fortaleza, tanto por su familia como por sus súbditos. Su reputación no era muy buena y era conocido por los apodos que sus enemigos le otorgaban. El más significativo, El Diablo Negro. Fue llamado así porque su pelo y sus ojos eran tan negros al igual que su corazón. Con metro ochenta de altura y de anchos hombros parecía más un bloque de piedra que un hombre. Su musculatura era inmensa debida a tantos años de entrenamiento y a las batallas en las que participaba, las cuales le otorgaron todas la temibles cicatrices que empañaron la belleza de su rostro.
Alec le tiene un gran temor desde que le dio su primera paliza simplemente porque al entrar en la sala que estaba él no lo saludo como correspondía. Solo tenía cinco años. Sarah hacía todo lo posible por detenerlo pero nunca lo conseguía. Lo único que podía hacer era esconder a Keith para que Robert no le pegase también y no viera que clase de padre tenía.
Alec tenía muy claro quien había sido el culpable de la muerte de su madre. Según los médicos Sarah había muerto de pena ya que Robert MacKay se había esforzado por demostrarle que no la quería y que nunca la quiso, que solamente se había casado con ella por capricho y también para atizar la cólera del Rey de Inglaterra. Por estos motivos el padre de Alec no le había prestado mucha atención a la muerte de Sarah, cosa que a enfurecía a su hijo. Robert sólo sabía beber y divertirse con cualquier mujerzuela que encontrara por sus tierras para poder disfrutarla y luego dejarla como siempre hacía. A Alec esta actitud lo horrorizaba y no comprendía porque no había querido a su madre y sí a tantas otras. Cuando fueron a comunicarle la noticia estaba más borracho que nunca y cuando se lo dijeron empezó a reírse de todos los que había a su alrededor. Al final tuvieron que llevárselo a rastras. En ese momento supo que estaría solo para siempre.
El entierro fue realizado en la más absoluta intimidad ya que solo estuvieron presentes algunos aldeanos de la fortaleza acompañando a Alec y a Keith. Su padre no asistió a la ceremonia puesto que no podía estar sobrio ni un momento y menos aún para el entierro de su esposa. Alec no sabía como controlar el odio y la furia que crecían dentro de su ser y solo pensaba que ahora él tenía que hacerse cargo de Keith, el cual no entendía que era lo que estaba pasando, era muy pequeño y consideraba a su padre como un verdadero héroe.
Alec y Keith eran completamente diferentes, eran las dos caras de una misma moneda. Keith era el ojo derecho de su padre, siempre le estaba mostrando el cariño que sentía hacia él, todo lo contrario que hacía con Alec, ya que a éste siempre le estaba regañando e incluso castigando.
Con el paso de los meses la situación entre los dos no iba mejorando. Durante ese periodo, su padre, caía más en la bebida y en las mujeres, llegando incluso a no regresar a su casa durante semanas. Alec por su parte se entrenaba todas las mañanas con los soldados de su padre porque deseaba con todas sus fuerzas marcharse de esa casa, que no consideraba como suya y no ver nunca más a su padre. En un primer momento pensó llevarse a Keith con él pero este siempre estaba hablando de su padre, el pequeño solo veía las virtudes del hombre y nada de sus defectos, no quería que sufriera otra pérdida después de la de su madre.
Una mañana, Alec oyó como dos soldados hablaban de alguien y aunque su madre lo había educado para no escuchar conversaciones ajenas, él se quedó.
- Me han dicho que es el mejor guerrero de Escocia y que está buscando escuderos para prepararlos y enseñarles todo lo que él sabe –dijo un soldado.
- ¿Y quién es? Yo no he oído hablar de él. ¿Por qué tú sí? –dijo el otro.
- Porque yo presto atención a las conversaciones de nuestros mayores y no como tú que te vas de juerga cada vez que puedes. Se trata de Malcolm Sinclair.
- Hombre si no me divierto ahora ¿cuándo lo voy a hacer? Además no sabemos cuando estaremos en guerra y yo prefiero vivir el día a día.
- Hablando de guerra será mejor que nos pongamos a entrenar porque como venga El Diablo Negro nos va a caer una buena.
- Sí, tienes razón. Vamos al campo de entrenamiento.
Alec salió de su escondite cuando los soldados se habían marchado. No podía creer lo que acababa de escuchar. De pronto su vida se había solucionado. Podría marcharse y todo empezaría de nuevo. Pero ¿y Keith? ¿Qué haría con él? Tendría que hablar con él y tendría que hacerlo pronto.
Lo encontró jugando con una espada de madera en la sala principal. Robert MacKay nunca lo había dejado a él jugar en la sala porque decía que era torpe y débil y no sabía manejar la espada. Siempre le decía que era un fracasado. Se acercó a Keith y se sentó en el suelo junto a él.
- Keith me gustaría hacerte una pregunta.
- Dime hermano ¿qué quieres?
- Como tú ya sabes me gustaría ser un gran guerrero y he oído decir que hay alguien que busca escuderos para formarlos como guerreros y para hacerlos hombres de honor.
- ¡Qué bien Alec! Así podrás ser como papá –dijo alegremente Keith.
- Sí, como papá –le respondió amargamente Alec--. Lo que yo quería saber es si te vendrías conmigo.
- Pero... pero no podemos dejar a papá solo. Además él también es un buen guerrero y puedes entrenar con él todos los días sin tener que irte de aquí.
- Solo aprendería a dar hostias y a ser un borracho –dijo susurrando para que Keith no lo oyera.
- ¿Qué has dicho? No te he oído.
- No, nada. Ya sé que aquí puedo aprender también pero yo lo quiero hacer con Laird Sinclair.
- ¡Pues vete y no vuelvas! Yo me quedaré aquí acompañando a papá. Pero si te vas que sepas que te odiaré siempre –dijo Keith llorando de rabia y yendo hacia la puerta.
Alec se quedó triste y pensativo pero ya tenía una decisión tomada.
Esa noche, cuando todos estaban dormidos, cogió lo imprescindible para el viaje y algo de comida para él camino. Fue hasta los establos y sacó a Satán de su caballeriza una vez que lo ensilló. Lo montó y partió hacia su destino sin mirar ni una sola vez hacia atrás. Ya volvería cuando estuviera preparado.

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29 may 2009

La Doncella, Jude Deveraux

Saga Montgomery 02
Rowan de Lanconia y Jura



Libro: La Doncella
Titulo Original:
The Maiden
Fecha Publicación:
1988
Fecha Acción:
1299


Sinopsis: Él era sabio, fuerte y valiente. Su destino era ser rey. Ella era una princesa guerrera, joven y hermosa, y su destino era amarlo. Pero cuando se conocieron sólo eran un hombre y una mujer, consumidos por una pasión tan súbita y tan profunda, que el mundo estalló con el primer beso. Después, cuando el beso aún ardía en sus labios, Jura descubrió que aquel caballero no era otro que el odiado príncipe Rowan, un usurpador del trono. Furiosa, Jura, decidió ser la enemiga de ese príncipe cuyo hermoso rostro la atormentaba de día y de noche. Pero nada detendría a Rowan decidido a ganar la guerra... y nada lo detendría en su afán de conquistar a la valiente y bella Jura, para convertirla en su esposa, su reina, su amor... 

 Nota: 4/5




16 may 2009

The Black Lyon, Jude Deveraux




Saga Montgomery 01: Ranulf de Warbrooke y Lady Lyonene

Libro: The Black Lyon
Fecha Publicación: 1980 
Fecha Acción: 1273-1307 D.C.

Se le puede considerar el primer Montgomery, ya que dio comienzo a la familia; Es el Duque de Warbrooke, cuyo mismo nombre se puso al puerto y a la ciudad familiar en Maine, Estados Unidos. ¿Coincidencia? Uno de sus nietos, el joven Montgomery, llegó a ser el escudero del Rey Rowan de Lanconia.


Sinopsis: Oscuro, hermoso y rico más allá de la imaginación, Ranulf de Warbrooke es el conquistador al que llamaron El León Negro. Temido igualmente por hombres y mujeres, no tenía compañera, hasta que conoció a Lyonene, la belleza de ojos verdes cuyo ardor correspondió al suyo propio. Y ella se atrevió a amar al hombre que ninguna mujer podía domesticar.

★ ★ ★  




13 may 2009

Regalitos

Una sorpresa inesperada

Me siento muy afortunada al saber que me han concedido este premio porque yo nunca había ganado nada y saber que personas a las que no conozco de nada solamente a traves de los blogs se acuerdan de mí, hace que me sienta muy feliz porque sé que aunque sea solo un poquito soy importante para otras personas.

Muchas gracias Sidhe y me alegro de estar entre tus amistades. Besotes a todos los afortunados y otro muy grande y especial a Sidhe.








REGLAS A SEGUIR



Publicar una entrada anunciándolo.

Escribir tres deseos:

- Que la paz y el amor siempre estén en nuestros corazones

- Salud para todos mis seres más queridos

- Que se acaben las injusticias y las guerras para vivir una vida mejor

Sonreír

4º
Escribir lo siguiente:

Let your imagination open its wings
¡¡Deja que tu imaginación abra sus alas!!


Con todo mi cariño y amor más sincero les entrego este premio a:





7 may 2009

Semana contra el Racismo

NO AL RACISMO

EN UN AVIÓN

- ¿Cuál es el problema, Sra.? - Pregunta la azafata.


- ¿Es que no lo ve? - Responde la dama - Me colocaron junto a un negro.


No soporto estar lado de uno de estos seres repugnantes.


¡Deme otro asiento!

- Por favor, cálmese… - dice la azafata - Casi todos los asientos estan ocupados.


Voy a ver si hay un lugar disponible.


-La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:


- Sra., como yo pensaba, no hay ya ningún lugar libre.


Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica.


No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.


-Antes de que la dama pueda hacer el menor comentario, la azafata sigue:


- Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase.


Pero, vistas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.


Y dirigiéndose a la persona de color, la azafata le dice:


- Si el Sr. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.


Y todos los pasajeros alrededor, que, sorprendidos, asistían a la escena se levantaron y aplaudieron...


Es la semana de lucha contra el racismo, participa y deja tu comentario!!!!